P. José Francisco Rodríguez Desde la orilla de Dios XXVI

: P. José Francisco Rodríguez.
                                                                                                                                                                                                                                                                                                                   





















































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































 

P.  José Francisco Rodríguez     Desde la orilla de Dios XXVI   (Día 19 de agosto de 2026)


Demos gloria a Dios siendo como Dios quiere que seamos. Dios resplandece en la montaña y en el llano, en los mares y en los ríos, en el desierto y en el oasis, en la altura y en la profundidad. La gloria de Dios aparece en todo cuanto Dios ha creado. En todo lo que Dios ha creado, cada cosa ocupa el lugar que Dios ha puesto a cada cosa.


La montaña no se queja de ser montaña porque prefería ser valle, ni el valle se queja porque prefería ser montaña. El río no se queja de ser río porque prefería ser mar, ni el mar se queja porque prefería ser río. El desierto no se queja de ser desierto porque prefería ser oasis, ni el oasis se queja porque prefería ser desierto. La profundidad no se queja porque prefería ser altura, ni la altura se queja porque prefería ser profundidad. Todos los elementos de la tierra están conformes con ser lo que son, y de dar gracias a Dios por ser lo que son.


Del mismo modo, nosotros debemos de estar contentos de ser lo que somos, sin importarnos ser montes, (personas destacadas), o valles (personas desconocidas); sin importarnos ser mares (tener gran influencia),  o ríos (personas sin rango); sin importarnos ser oasis (hacer grandes obras), o desierto (obras irrelevantes); sin importarnos ser altura (ostentar altos cargos) ni ocupar los últimos puestos, sino que lo que importa es ser lo que Dios quiere que sea, como lo aceptan la montaña y el valle, el río y el mar, el desierto y el oasis, la altura y la profundidad, que ninguno se siente ni más ni menos, y todos a una están proclamando la gloria de Dios, cada uno a su manera, a la manera que Dios ha querido ser glorificado por cada uno de los elementos.



































































































Demos gloria a Dios siendo como Dios quiere que seamos. Dios resplandece en la montaña y en el llano, en los mares y en los ríos, en el desierto y en el oasis, en la altura y en la profundidad. La gloria de Dios aparece en todo cuanto Dios ha creado. En todo lo que Dios ha creado, cada cosa ocupa el lugar que Dios ha puesto a cada cosa.


La montaña no se queja de ser montaña porque prefería ser valle, ni el valle se queja porque prefería ser montaña. El río no se queja de ser río porque prefería ser mar, ni el mar se queja porque prefería ser río. El desierto no se queja de ser desierto porque prefería ser oasis, ni el oasis se queja porque prefería ser desierto. La profundidad no se queja porque prefería ser altura, ni la altura se queja porque prefería ser profundidad. Todos los elementos de la tierra están conformes con ser lo que son, y de dar gracias a Dios por ser lo que son.


Del mismo modo, nosotros debemos de estar contentos de ser lo que somos, sin importarnos ser montes, (personas destacadas), o valles (personas desconocidas); sin importarnos ser mares (tener gran influencia),  o ríos (personas sin rango); sin importarnos ser oasis (hacer grandes obras), o desierto (obras irrelevantes); sin importarnos ser altura (ostentar altos cargos) ni ocupar los últimos puestos, sino que lo que importa es ser lo que Dios quiere que sea, como lo aceptan la montaña y el valle, el río y el mar, el desierto y el oasis, la altura y la profundidad, que ninguno se siente ni más ni menos, y todos a una están proclamando la gloria de Dios, cada uno a su manera, a la manera que Dios ha querido ser glorificado por cada uno de los elementos.


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